domingo, 4 de octubre de 2009

Camino de libertad y supervivencia

He comenzado a leer una interesante novela histórica cuya título es Q. Su autor: Luther Blissett.


Se trata de una novela histórica algo más cuidada de lo habitual, que ha caído en mis manos de manera circunstancial y que ha despertado en mí ciertos anhelos de conocimiento de una época histórica que suele despacharse en los libros de historia del bachillerato con un par de referencias a ciertos hechos históricos que, según voy investigando, suponen una de esas grandes revoluciones que solamente se han producido dentro de lo que conocemos como civilización occidental.


Hechos de los que somos deudores y que han configurado completamente el destino de las naciones, de las personas que, incluso ahora, somos partícipes de esa cultura.


Las primeras impresiones que he ido obteniendo del libro han provocado, como os comento, mi curiosidad por ese momento histórico que, desde mi modesta opinión, ha marcado de manera indeleble muchos de los acontecimientos posteriores, muchos de los paradigmas existenciales de nuestras actuales sociedades.


Pero, además de compartir esta inquietud intelectual con vosotros, lo que me gustaría expresar es que, lejos de resultar la conclusión más importante que he obtenido de esta obra, lo que, realmente, ha despertado en mi conciencia, ha sido la impresión de que nos acecha un peligro muy importante como especie.


Me explico: A lo largo de la obra, de manera puntual, se pone de manifiesto que los anhelos de libertad, de crear una nueva estructura social, disponen de una válvula de escape, de una esperanza basada en la existencia de un nuevo continente, de un espacio geográfico virgen de estructuras de control que permiten mantener un sueño de libertad, como ya he manifestado. Todo ello, encubierto bajo un manto de religiosidad como movimiento liberador del espíritu, no, desde luego desde un punto de vista basado en la ideología, cuestión que no se manifestará hasta varios siglos más tarde.


Mi reflexión comienza en este punto: ¿Qué le ocurre al espíritu humano cuando pierde la posibilidad de soñar? Hace varios decenios, los seres humanos nos dimos cuenta que nuestro planeta no tenía nada nuevo que ofrecernos. Instintivamente, volvimos la vista hacia el cielo. Disponíamos de tecnología, de conocimientos, por primera vez en la historia, que nos podrían permitir escapar de nuestro planeta. Sin embargo, fracasamos en este primer intento.


Nos pudieron los deseos de bienestar, el sentimiento conservador de no perder nada de lo que teníamos.


De nada material porque, a cambio, perdimos el espíritu. Sea eso lo que sea. Y, en este momento histórico, solo detecto que los seres humanos nos dedicamos, en cuerpo y alma a mantener es status quo. Hemos perdido hasta la iniciativa de disponer de ese espíritu viral que nos obligaba a ir abracando nuevos espacios para infectarlos, para esquilmarlos, para destruirlos...


¿Es posible que la especie sobreviva a medio y largo plazos sin mirar de nuevo hacia el cielo?


Sinceramente, no lo creo. Y mi contribución no es sino escribir estas líneas... ¡Dios!


viernes, 7 de agosto de 2009

Computación en la nube. Oportunidades y riesgos.

¿Qué es el cloud computing? La computación en la nube, que constituiría una traducción, más o menos literal, de este término, es un nuevo modelo de arquitectura de computación que, en principio, podríamos creer que únicamente se relaciona con el mundo de la tecnología.

Bajo nuestro punto de vista, no es, ni mucho menos, únicamente eso. Se trata de una visión, de un futuro plagado de esperanzas, de riesgos, de oportunidades, de cambios estructurales en los modelos sociales.

Hace unos años (no tantos como pudiéramos pensar), se produjo una auténtica revolución en el uso de los sistemas de computación: Se pasó de grandes sistemas centralizados, basados en grandes ordenadores, de los que dependía la totalidad de la capacidad de proceso, a sistemas basados en la arquitectura cliente-servidor, mediante la cual, parte de la capacidad de proceso se transfería a la máquina cliente dotándola de capacidad autónoma.

Sin duda, este proceso supuso una revolución. Pero una revolución que no ha estado exenta de problemas: El manejo de equipos por usuarios inexpertos, la progresiva complejización del software de funcionamiento básico del equipo informático, los riesgos de seguridad que se han ido manifestando a través de la universalización de esta arquitectura, la incapacidad, por parte de las organizaciones, de establecer los adecuados niveles de control sobre la información generada por éstas, los costos de mantenimiento y reemplazo de los equipos ante una revolución tecnológica claramente desbocada que exigen, en un círculo sin fin, que las organizaciones se adapten al software liberado por las grandes compañías mientras que este software se convierte en un devorador de recursos en las máquinas cliente que imponen la permanente actualización de las mismas con el fin de que se adapten a los requerimientos cada vez más exigentes.

Del mismo modo, la accesibilidad local a la información en conjunción con unas, cada vez, mejores redes de comunicación, está provocando, desde nuestro punto de vista, una progresiva degradación del sistema en su conjunto.

La distribución de contenidos de toda índole por la red y su archivo local han causado una profunda remodelación de los sistemas de distribución de contenidos culturales. Han eliminado o están a punto de eliminar toda una industria de intermediación de la distribución de contenidos en formato digital que, sin duda y hasta que el sistema se vuelva a estabilizar, generará graves disfuncionalidades en el ámbito laboral y económico.

De igual manera, los problemas de seguridad inherentes a las lacras de los sistemas basados en arquitecturas cliente-servidor puras, del mismo modo que han generado la aparición de una boyante industria relacionada con la seguridad de los dispositivos cliente, y de la seguridad perimetral de las organizaciones, han fracasado estrepitosamente a la hora de mantener un control exhaustivo sobre los sistemas de información vistos como una estructura integral de la que depende la supervivencia de una determinada organización.

Se ha permitido así la magnificación de los riesgos inherentes a los ataques con éxito a sistemas, ya sean éstos críticos o no, pero que, en todo caso, en una sociedad fuertemente tecnologizada como lo es la nuestra, suponen un enorme riesgo para la seguridad de la sociedad en su conjunto.

Sin entrar en detalles porque ello requeriría la elaboración de una tesis doctoral al completo, imaginemos que toda la fuerza aérea y de misiles de los EEUU, gestionada por una unidad de mando y control, resultase atacada con éxito, tomando el control efectivo de estos recursos militares.

Convengamos en que el ser humano ya no es necesario para la mayoría de las acciones militares basadas en alta tecnología pues no está sensorialmente capacitado para la realización de determinadas tareas.

Sir ir tan lejos, la paralización del sistema eléctrico de una ciudad, de su sistema de distribución de aguas o de los recursos sanitarios pueden provocar una hecatombe a nivel local.

Es un riesgo inherente a las sociedades fuertemente tecnologizadas: la ABSOLUTA dependencia de la tecnología para su funcionamiento y supervivencia.

Al igual que las sociedades occidentales hemos alcanzado una esperanza de vida que sobrepasa en más del doble a la de las sociedades menos avanzadas, este avance no es gratuito. Si fracasa nuestro sistema sanitario aún estaremos más desprotegidos ante determinadas enfermedades que los individuos de las sociedades menos avanzadas. Ni más ni menos, nuestro sistema inmunológico se ha debilitado frente a la agresión de determinadas enfermedades erradicadas desde hace tiempo en nuestros sistemas sociales.

Estos y otros problemas han sido la base de la revolución tecnológica, económica, laboral, social de los dos últimos decenios. Es ahora cuando se nos plantea un nuevo marco estratégico global que no solo afecta al ámbito puramente tecnológico sino que lo hace, ¡y mucho! a todos los ámbitos anteriormente mencionados.

Los cambios que esta nueva manera de interactuar con los sistemas de información van a provocar supondrán una auténtica revolución. Y como ocurre en todas las revoluciones, las víctimas se contarán por millones.

Tendemos a creer, sin embargo, que las víctimas a las que nos referimos son víctimas industriales o económicas. No únicamente. Las personas, las familias, las sociedades, las estructuras políticas, cualquier manifestación de las sociedades humanas se constituyen en posible y, en algunos casos, en plausibles víctimas de un nuevo modelo que, poco a poco, va impregnando nuestra estructura social.

¿A qué nos referimos con la anterior aseveración? Ni más ni menos a que el nuevo modelo de acceso y distribución de la información va a suponer un enorme cambio en los comportamientos de la población en general y en sus interacciones con el poder, con los agentes económicos y con otros ciudadanos.

No nos referimos a que se vaya a modificar sustancialmente el modelo de interacción con las tecnologías al que nos hemos acostumbrado en los último 30 años pero, sin duda, se abrirán una serie de interrogantes relacionados con la seguridad, la confidencialidad, la confiabilidad y la disponibilidad de las herramientas y de los datos que habrán de ser desarrollados como elementos irrenunciables de un sistema jurídico que ampare un conjunto de derechos fundamentales que pueden verse gravemente amenazados por el nuevo modelo.

Desde luego, habremos de tener muy en cuenta estos riesgos descritos a la hora de legislar de tal modo que se salvaguarden un conjunto de derechos fundamentales que son básicos para el mantenimiento del Estado de Derecho que configura la forma política de la democracia formal, tan deudora de los millones de personas que sacrificaron su existencia para el logro de estos mismos derechos a los que, de ningún modo hemos de renunciar, sean cuales fueren los miedos o amenazas que nos induzcan a ello.

No hemos de olvidar que nunca, en la historia de la humanidad, ha sido posible un control individual de las personas tan invasivo como el que ha permitido la revolución tecnológica y como el que la progresiva implantación del nuevo modelo de acceso a los sistemas de información va a permitir y ello dota de herramientas al poder, cualquier poder, que permiten ejercitar un control total sobre los individuos y los grupos sociales.

No obstante, no queremos olvidar que, del mismo modo que el control es posible, un modelo como el que estamos describiendo permite la aparición de nuevas formas de comunicación colaborativa a la que nos referiremos como red social virtual, liberada de ataduras tales como el espacio, el tiempo, las fronteras, las ideologías o la lengua, cuyo potencial de movilización sin precedentes, a escala global, está dando sus primeras señales de vida en el modelo descrito.

Además de todo lo antedicho, el nuevo modelo se convierte, merced a la priorización de las comunicaciones sobre la capacidad individual de cómputo y de la renuncia al archivo local de contenidos, en un modelo que restringirá gravemente la posibilidad de elegir sistemas software de comunicación que permitan asegurar la privacidad de las comunicaciones y de los datos depositados en la nube por parte de los ciudadanos lo cual vuelve a impactar de lleno sobre el problema de asegurar los derechos fundamentales básicos de los ciudadanos que, según nuestra opinión, deberán ser ampliados con el fin de incluir el elemento tecnológico en la salvaguarda de los mismos de forma explícita.

Un control agresivo por parte del poder político o económico que, por lo que sabemos, es aún más difícil de controlar que el poder político pues éste, al fin y al cabo se encuentra sujeto a las leyes con más rigor que el poder económico, según se está demostrando en la demoledora crisis económica y social que estamos sufriendo, supondrá una permanente amenaza a las libertades individuales que habremos de enfrentar de la mejor manera posible.

Estamos asistiendo a un cambio de modelo tecnológico que, sin duda, va a dirigir el futuro de la humanidad, en su globalidad, hacia donde los poderes, los ciudadanos, las redes sociales, los grupos de presión de toda índole diseñemos.

Actuemos, pues, para que la revolución de concepto a la que estamos asistiendo como usuarios pero, al menos hasta el momento, no como ciudadanos, no se transforme en pesadilla en un futuro cercano.

viernes, 10 de julio de 2009

Hoy ha muerto Mariano Enrique...

Esta noche ha muerto Mariano Enrique Ávila. Socialista y republicano. Comisario de policía que defendió la legalidad de un gobierno democrático frente a lo que fue un golpe de estado que, por la bravura y el honor de la mayor parte de la ciudadanía desembocó en la mayor matanza entre ¿hermanos? que ha habido en este país.

Su decencia, como la de otros muchos, fue juzgada como un delito de rebelión por esos que mal se llamaron españoles cuando, con su venganza, no hacían sino plantar la semilla de la desunión.

Porque en una guerra se cometen salvajadas pero que se sigan cometiendo muchos años después, tras haber finalizado la misma es lo que transforma al vencedor en indigno.

Y lo convirtieron en una víctima por haber sido digno y honorable. Y nunca recuperó del todo una dignidad que únicamente llegó a ser retribuida con un dinero que para nada sirve si de dignidad hablamos.

Y, siendo así, quiero que su memoria nunca muera del todo. Y, por todo ello, por lo que defendió con su vida (porque, en gran medida, como a muchos otros, le dejaron muerto en vida), por esas ideas tan trasnochadas que incluyen los conceptos de solidaridad, bien común, honor, empatía, anhelo por una vida mejor para todos tus conciudadanos y los que no lo son, justicia social,...

En fin, por todo aquello que hemos olvidado y sustituido por el BMW y el televisor de plasma de 42'', tan importantes en nuestras vidas que seríamos incapaces de sacrificar nada de ello por salvar una vida de la hambruna justificándonos en el hecho de que... ¡hay tantos! doy un ultimo grito en su nombre de... ¡Viva la República!¡Viva el pensamiento que defiende que hemos de conseguir la justicia social para todos!

Y no os preocupéis: Descansa en paz. Jamás hizo nada que se lo impidiese. ¡Un brindis por su memoria!


martes, 23 de junio de 2009

Sobre la superación del concepto de nación

Nación. Según el diccionario de la RAE, nación se define como:

nación.

(Del lat. natĭo, -ōnis).

1. f. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno.

2. f. Territorio de ese país.

3. f. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.

4. f. coloq. p. us. nacimiento ( acción y efecto de nacer). Ciego de nación.

5. m. Arg. p. us. Hombre natural de una nación, contrapuesto al natural de otra.

de ~.

1. loc. adj. U. para dar a entender el origen de alguien, o de dónde es natural.

V.

Como es fácil observar de la anterior definición, los elementos clave del concepto de nación son tres:

  • · Población (habitantes)
  • · Territorio.
  • · Cultura común compartida.

En terminología jurídica, son tres, igualmente, los elementos que pueden determinar la existencia de una nación: La población, el territorio y la existencia de una jurisdicción común que afecta a todos los habitantes de un determinado territorio, en contraposición a la jurisdicción que afecta a los habitantes de un territorio diferente.

En terminología política pesa algo más el “ánimus” que los conceptos objetivos. Así, una nación ha de estar conformada por los habitantes que firman un determinado “contrato social” y que, por ello, aceptan la autoridad de unas estructuras políticas y jurídicas que determinan la convivencia social y las relaciones entre el gobierno y sus ciudadanos, si manejamos conceptos democráticos en un estado de derecho. Introduciríamos el término súbdito si considerásemos que el poder político no proviene del pueblo sino que trasciende a su representación en la tierra, es decir, proviene de Dios. Afortunadamente, en occidente, se trata de un término prácticamente abandonado por la ciencia política.

Por mi parte, soy plenamente partidario de la teoría del ánimus. Un ciudadano se siente parte de una nación. No nace en una nación, no puede obligársele a formar parte de una nación si, realmente, no se siente parte de ella.

Por este motivo creo que es preciso superar el concepto de nación basado en el territorio. Ese concepto ha quedado obsoleto en un mundo globalizado. Una nación no tiene potencia económica ni demográfica suficiente como para enfrentarse, ella sola a riesgos globalizados. El cambio climático, la crisis económica global, la carestía de los alimentos, las crisis demográficas, el acceso a los recursos naturales no son sino ejemplos en los que la nación no tiene cabida. Ni tan siquiera un conjunto de ellas o la totalidad de las mismas.

En un sistema global, en el que el intercambio cultural es continuo, no puede esgrimirse la cultura común como elemento cohesionador de una sociedad. Y quien pretenda hacerlo está destinado a morir culturalmente.

La propuesta que hacía el otro día (muy balbuceante), está basada en el nacimiento de algo vivo. De algo que va tomando forma poco a poco y que sufre decaimientos y reflujos pero que considero imparable. Se trataría de una visión de Gaia desde el punto de vista de las redes sociales virtuales. Un concepto orgánico más que estructural en el que, cada individuo forma parte de algo más grande que, a su vez, forma parte de un todo. De un concepto orgánico que nace, crece, se desarrolla y muere para volver a nacer en otro punto y repetir el proceso. Un concepto orgánico dende nuestra aportación es importante en el todo que lo conforma aunque, puesta individualmente no sea sino una gota de agua en el mar proceloso.

Crisis ninja

Otra vez va de crítica literaria. La verdad es que soy poco dado a seguir los gustos de la gente a la hora de escoger mis lecturas.

Sin embargo, en este caso, accedí, en contra de mi voluntad, a leer el libro del mismo título, únicamente para poder mantener conversaciones "inteligentes" con esas personas que en una sobremesa sacan a colación las bondades de esa obra.

La obra, desde luego, al menos bajo mi punto de vista, no es mas que un conjunto de obviedades puestas sobre el papel por parte del que podría ser nuestro abuelo henchido de esas experiencias vitales que suponen una experiencia impagable... ¡para su memoria histórica!

La primera pregunta que me asaltó fue la siguiente: ¿Qué hacía un español en 1963 asistiendo a un master en Cambridge?

Nací en 1965. En lo que, en aquella época, sería una familia de clase medio-alta. Mi padre era director de una sucursal bancaria. Tuve televisor en casa a los tres años (1968) y Seat 600 a los 5 (1970). Sin embargo, el acceso a las harinas de crecimiento era una entelequia. Mi hermana, con 4 años menos, mide 10 cm más que yo. Se comía carne una vez a la semana y no siempre... porque no se podía. No había medios.

¿Que quiero poner de manifiesto con todo lo antedicho? Pues, ni más ni menos que está muy bien que un estudiante de los años 60, en una España donde el acceso a la universidad ¿pública? era el sueño a menudo irrealizable de los hijos de los obreros, tuviese la oportunidad de seguir un curso en Cambridge.

El supuesto baño de ética neoliberal que intenta transmitirnos en sus páginas es explicable bajo este punto de vista. Para una persona que ha gozado de las oportunidades que, sin duda, se le escapan al echar la vista atrás, es muy sencillo juzgar benignamente a un sistema tan beneficioso para sus intereses.

El resto, como ya he dicho, obviedades indignas de haber sido publicadas con tanto éxito. La verdad es que tenemos un nivel cultural muy bajo en este país si esta obra nos descubre algo nuevo, no ya desde el punto de vista de la economía en general, sino desde la perspectiva ética, filosófica o didáctica, en particular.

Espero que, en todo caso, a quien lo ha adoptado como libro de cabecera, le sirva para tener una reflexión propia sobre su contenido. Una reflexión crítica, por supuesto, que le sirva para no ignorar la injusticia estructural que esta obra destila desde su primera página hasta la última.

Felicidades al autor por haber dado con la vena "intelectual" de tantos y tantos conciudadanos poco dotados para el conocimiento y la reflexión.

jueves, 18 de junio de 2009

Capitalismo funeral

La obra de Vicente Verdú es el objeto de esta entrada en el blog. En primer lugar, me gustaría comenzar recomendado su atenta (ha de ser una muy atenta) lectura.

No es una obra sencilla, hay que reconocerlo. Quizás no tanto por la profundidad de los argumentos que expone pues, en gran medida, de todos son conocidos de una u otra forma sino por la visión de futuro que, balbuceante y llena de clarooscuros, permite intuir, sobre todo, en la última parte del libro.

Me apasiona la conceptualización que hace del incipiente poder que manifiestan las redes sociales, ya sean completamente virtuales o que hacen uso de la tecnología de comunicación para mantener los nexos entre las personas.

Se abren insospechadas posibilidades en ciencia política relacionadas con este concepto. La pérdida de identidad de las poblaciones merced al acceso en tiempo real entre personas de diferentes culturas, lenguas, formación, clase social, religión, en base a algún tipo de interés común hace perder virtualidad a la concepción clásica del Estado como fuente de unión entre personas.

Sería discutible, incluso que el concepto de contrato social, según el modelo expuesto por Rosseau pueda mantenerse sin reelaborarlo en un nuevo sistema político que no esté basado en conceptos tales como la territorialidad y el lenguaje o la cultura comunes.

No voy a entrar en detalle porque deseo que los posibles de este blog y, por ende, de este libro, participen de una discusión que, sin duda, no será sino una muestra más de los conceptos que he anticipado en esta entrada y, por lo tanto, enriquecedor de los mismos.

lunes, 13 de abril de 2009

Mercado libre

Esta vez hago de propagandista de una magnífica obra de teatro del mismo nombre. 

Asistí a una representación de la misma un poco de rebote e influenciado más por el actor principal que por el contenido de la propia obra que, he de reconocerlo, no tuve interés en investigar dado que me gustan las sorpresas...

La sala elegida para su representación ya me llamó la atención porque, al tratarse de una sala pequeña, con formato de sala de cine, me hizo pensar en un nivel de interactividad alto con la acción de la obra.

Sin embargo, ha sido su impactante puesta en escena y, sobre todo, lo explícitamente que se presenta una línea argumental tan dura como la que esta obra nos ofrece lo que me ha impresionado.

Creo que la profundidad del argumento de la misma así como el enorme trabajo que desarrollan ambos actores ante un público atónito, por lo que se les presenta, requieren una concurrida asistencia.

Por supuesto, según mi opinión, nada de niños menosres de 12 años e, incluso, mayores de esta edad sin una adecuada formación vital. La obra es dura, muy dura y lo es más cuando comienzas a escarbar y te introduces en la profundidad abismal e infernal del mundo tan real que representa.

Recomiendo esta obra sin ambajes, pero con las restricciones que he mencionado.

miércoles, 21 de enero de 2009

Mentiras arriesgadas...

Otra vez Murakami... Pero esta vez no voy a comentar la extrañeza que me produce ser capaz de disfrutar de una lectura cuyo argumento puede catalogarse como irrelevante. Irrelevante como nuestra propia existencia. Lleno de belleza y de miserias que son lo que, a la postre, conforman la vida humana, ¿no?

Casi a punto de finalizar la lectura de la obra de título "Al sur de la frontera, al oeste del Sol" que, como de costumbre, recomiendo a los lectores de este blog, me he dado de bruces con un párrafo que, bajo mi punto de vista, define gran parte de las penurias que sufrimos en la actualidad.

Sin permiso del autor, me permito reproducirlo, como apoyo a mi anterior aseveración:

"Oye Yukiko, a decir verdad, me he hartado de este asunto. Eso es todo. No quiero ganar más dinero en Bolsa. Yo trabajo y me gano el dinero con mis propias manos. Hasta ahora me ha ido bien así. Y hasta ahora tú no has pasado nunca estrecheces, ¿no es así? ¿No es cierto?
- Sí, ya lo sé. Ya sé que haces muy bien tu trabajo. Y yo jamás me he quejado. Te estoy muy agradecida, y te respeto. Pero mi padre lo ha hecho con la mejor intención. Solo quería ser amable contigo.
- Ya lo sé, Yukiko. Pero ¿qué crees que quiere decir "información estrictamente confidencial"? ¿Qué crees que significa lo de "ganaréis dinero con toda seguridad"?
- No lo sé.
- Pues manupulación de la Bolsa -dije-. ¿Comprendes? En una compañía se manipulan las acciones para que den ganancias artificiales y luego se reparten los beneficios. Y ese dinero va a parar a los bolsillos de los políticos o pasa a los fondos de dinero negro de las compañías...

¿Os suena, queridos amigos? Al leer este párrafo que, parece obvio, es producto del ingenio de un novelista y no de un economista experimentado, no pude sino preguntarme si el libro que estaba leyendo había sido publicado durante el último año. La verdad es que no me suelo fijar en este dato cuando adquiero literatura.
Mi sorpresa fue mayúscula cuando corroboré que la primera edición del mismo, publicada en Japón es de... ¡1998!, es decir, del momento previo al pinchazo de la burbuja inmobiliaria en Japón que ha mantenido en situación de débil crecimiento y deflacción a esta gran nación los últimos 10 años.

¿Quiere alguien explicarme qué es eso de que no podía anticiparse una crisis como la que vamos a sufrir y en la que, sin duda, seremos los más afortunados de los perdedores?

Nos inundan de información y ésta nos ciega. Nos asustan,  nos aterrorizan y vuelven a llenarse los bolsillos una y otra vez.

Más adelante intentaremos transmitir el significado de términos tales como honor, honestidad, trabajo, respeto, empatía, solidaridad, sacrificio..., tan reñidos con el significado profundo del párrafo de Murakami

¡Idiotas todos! (y cobardes).

miércoles, 7 de enero de 2009

Publicado el Reglamento de control del comercio exterior del material de defensa

Este Reglamento constituye el desarrollo reglamentario de la Ley 53/2007 de 28 de diciembre sobre el control del comercio exterior del material de defensa y de doble uso.

Se trata de una herramienta fundamental a la hora de determinar qué materiales y objetos tecnológicos son susceptibles de ser utilizados como tecnologías de doble uso.

Se engarza esta disposición reglamentaria en los tratados internacionales de control de armamentos de los que es signatario el estado español.

Para acceder al texto del mismo puede pichar el siguiente enlace:

martes, 6 de enero de 2009

Sputnik, mi amor

Una de las obras de Murakami. Me tiene hechizado. No puedo dejar de leer sus libros.

¿Es Japón como lo describe en sus novelas? Describe a seres humanos tan distintos y tan iguales... Tan distintos por sus concepciones del sexo, de la vida, del amor. Por su extrema sensibilidad a la hora de describir a la literatura o la música.

La soledad del ser humano, aunque se encuentre permanentemente acompañado. El mundo interior que cada uno de nosotros tenemos y que es el que, en definitiva, nos hace tan especiales, tan iguales, tan distintos...

Sus historias despiertan en mí instintos, sensaciones, ideas hace tiempo dormidas. No trata temas que puedan considerarse trascendentes. Es por ello, quizá, que me siento tan atraido por la obra de este autor.

Supongo que permite que me desintoxique de lo que ha sido en los últimos tiempos, objeto de mi  investigación y estudio: Esos temas tan trascendentes que hablan de juegos de guerra y que eliminan de la ecuación a los seres humanos porque, al tenerlos en cuenta, desaparece de un plumazo la necesidad de pensar siquiera en los mismos.

Somos tan frágiles y tan importantes...

Angustias...

Leo, leo, leo. Me informo. Observo horrorizado las imágenes que los medios de comunicación nos hacen llegar desde Gaza.

No puedo soportarlo. Niños desmembrados por las bombas. La angustia de correr en círculos para intentar buscar un refugio para ti y tu familia en un campo de concentración cerrado.

¿Os habeis dado cuenta? Estoy hablando de una guerra de la que los palestinos de Gaza no pueden huir.

En cualquier conflicto, la muerte, la pérdida, el terror, las heridas... Todas están presentes pero siempre queda alguna esperanza de huir de la misma. 

La esperanza de llevarte a los tuyos a otro lugar que no se encuentre acosado por la muerte, por las bombas, por los disparos.

No es este el caso. Estamos tratando a los palestinos como a ratas sin posibilidad de huir de su destino. No conozco ni pretendo conocer una cultura que es tan distinta a la mía. Sin embargo, sí que comprendo la situación de rabia que ha de sufrir un padre que lo ha perdido todo, un hermano que no tiene a quien pedir ayuda o consejo...

Odio, un odio atroz y sin medida. El odio del dolor absoluto. ¿Seremos capaces de sobrevivir a tamaño dolor?

Sinceramente, hoy no lo creo.