martes, 23 de junio de 2009

Sobre la superación del concepto de nación

Nación. Según el diccionario de la RAE, nación se define como:

nación.

(Del lat. natĭo, -ōnis).

1. f. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno.

2. f. Territorio de ese país.

3. f. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.

4. f. coloq. p. us. nacimiento ( acción y efecto de nacer). Ciego de nación.

5. m. Arg. p. us. Hombre natural de una nación, contrapuesto al natural de otra.

de ~.

1. loc. adj. U. para dar a entender el origen de alguien, o de dónde es natural.

V.

Como es fácil observar de la anterior definición, los elementos clave del concepto de nación son tres:

  • · Población (habitantes)
  • · Territorio.
  • · Cultura común compartida.

En terminología jurídica, son tres, igualmente, los elementos que pueden determinar la existencia de una nación: La población, el territorio y la existencia de una jurisdicción común que afecta a todos los habitantes de un determinado territorio, en contraposición a la jurisdicción que afecta a los habitantes de un territorio diferente.

En terminología política pesa algo más el “ánimus” que los conceptos objetivos. Así, una nación ha de estar conformada por los habitantes que firman un determinado “contrato social” y que, por ello, aceptan la autoridad de unas estructuras políticas y jurídicas que determinan la convivencia social y las relaciones entre el gobierno y sus ciudadanos, si manejamos conceptos democráticos en un estado de derecho. Introduciríamos el término súbdito si considerásemos que el poder político no proviene del pueblo sino que trasciende a su representación en la tierra, es decir, proviene de Dios. Afortunadamente, en occidente, se trata de un término prácticamente abandonado por la ciencia política.

Por mi parte, soy plenamente partidario de la teoría del ánimus. Un ciudadano se siente parte de una nación. No nace en una nación, no puede obligársele a formar parte de una nación si, realmente, no se siente parte de ella.

Por este motivo creo que es preciso superar el concepto de nación basado en el territorio. Ese concepto ha quedado obsoleto en un mundo globalizado. Una nación no tiene potencia económica ni demográfica suficiente como para enfrentarse, ella sola a riesgos globalizados. El cambio climático, la crisis económica global, la carestía de los alimentos, las crisis demográficas, el acceso a los recursos naturales no son sino ejemplos en los que la nación no tiene cabida. Ni tan siquiera un conjunto de ellas o la totalidad de las mismas.

En un sistema global, en el que el intercambio cultural es continuo, no puede esgrimirse la cultura común como elemento cohesionador de una sociedad. Y quien pretenda hacerlo está destinado a morir culturalmente.

La propuesta que hacía el otro día (muy balbuceante), está basada en el nacimiento de algo vivo. De algo que va tomando forma poco a poco y que sufre decaimientos y reflujos pero que considero imparable. Se trataría de una visión de Gaia desde el punto de vista de las redes sociales virtuales. Un concepto orgánico más que estructural en el que, cada individuo forma parte de algo más grande que, a su vez, forma parte de un todo. De un concepto orgánico que nace, crece, se desarrolla y muere para volver a nacer en otro punto y repetir el proceso. Un concepto orgánico dende nuestra aportación es importante en el todo que lo conforma aunque, puesta individualmente no sea sino una gota de agua en el mar proceloso.

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