martes, 23 de junio de 2009

Crisis ninja

Otra vez va de crítica literaria. La verdad es que soy poco dado a seguir los gustos de la gente a la hora de escoger mis lecturas.

Sin embargo, en este caso, accedí, en contra de mi voluntad, a leer el libro del mismo título, únicamente para poder mantener conversaciones "inteligentes" con esas personas que en una sobremesa sacan a colación las bondades de esa obra.

La obra, desde luego, al menos bajo mi punto de vista, no es mas que un conjunto de obviedades puestas sobre el papel por parte del que podría ser nuestro abuelo henchido de esas experiencias vitales que suponen una experiencia impagable... ¡para su memoria histórica!

La primera pregunta que me asaltó fue la siguiente: ¿Qué hacía un español en 1963 asistiendo a un master en Cambridge?

Nací en 1965. En lo que, en aquella época, sería una familia de clase medio-alta. Mi padre era director de una sucursal bancaria. Tuve televisor en casa a los tres años (1968) y Seat 600 a los 5 (1970). Sin embargo, el acceso a las harinas de crecimiento era una entelequia. Mi hermana, con 4 años menos, mide 10 cm más que yo. Se comía carne una vez a la semana y no siempre... porque no se podía. No había medios.

¿Que quiero poner de manifiesto con todo lo antedicho? Pues, ni más ni menos que está muy bien que un estudiante de los años 60, en una España donde el acceso a la universidad ¿pública? era el sueño a menudo irrealizable de los hijos de los obreros, tuviese la oportunidad de seguir un curso en Cambridge.

El supuesto baño de ética neoliberal que intenta transmitirnos en sus páginas es explicable bajo este punto de vista. Para una persona que ha gozado de las oportunidades que, sin duda, se le escapan al echar la vista atrás, es muy sencillo juzgar benignamente a un sistema tan beneficioso para sus intereses.

El resto, como ya he dicho, obviedades indignas de haber sido publicadas con tanto éxito. La verdad es que tenemos un nivel cultural muy bajo en este país si esta obra nos descubre algo nuevo, no ya desde el punto de vista de la economía en general, sino desde la perspectiva ética, filosófica o didáctica, en particular.

Espero que, en todo caso, a quien lo ha adoptado como libro de cabecera, le sirva para tener una reflexión propia sobre su contenido. Una reflexión crítica, por supuesto, que le sirva para no ignorar la injusticia estructural que esta obra destila desde su primera página hasta la última.

Felicidades al autor por haber dado con la vena "intelectual" de tantos y tantos conciudadanos poco dotados para el conocimiento y la reflexión.

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