martes, 27 de noviembre de 2007

Vidas...

La pasada semana murió un hombre íntegro, honorable pero no, no voy a participar en el homenaje a Fernando. Hoy me acuerdo de Augusto.

Una persona anónima que conocí hace años y que resultó ser de esos seres humanos que consiguen aportar algún aspecto de relevancia a tu personalidad...

Augusto era un ex-aviador republicano. Un vecino con el que trabé amistad. Una persona mayor, que no vieja, llena de energía, plena de vitalidad, digna de encomio en su seriedad existencial.

Anarquista convencido, siguió siéndolo durante toda la dictadura. Un anarquista interior que exponía su cuerpo y su alma desnuda a todo aquel que quería conocerle. Miento. Tampoco se daba a conocer sino a ciertas personas que eran de su agrado.

Su exposición no era, ni mucho menos, pública.

Estaba casado con Esperanza. Cuando la conocí, no era sino un pálido reflejo de una mujer bellísima que, antaño, parecía la viva imagen de Rita Hayworth pero en más delicado y bello.

Una mujer con un permanente buen humor que amenizaba nuestras veladas desde posiciones menos filosóficas y más vitales.

Una enorme mujer que tuvo la osadía de abandonar a su marido (el único reconocido por la Iglesia y no por ello marido real), un héroe del Alcázar de Toledo e irse a vivir, en los años cuarenta, con Augusto, el aviador republicano...

Y tuvo varios hijos con él. Y los hijos eran ilegítimos. Solamente reconocidos por Augusto y con sus dos apellidos porque ella no era sino una prostituta para el régimen.

Una de esas pequeñas tragedias diarias que se desarrollaban en una España triste y obscura que tanto quieren hacernos querer esos pseudo-españoles para los que la otra media España no eran compatriotas sino "rojos" dignos de asesinar tras esa malhadada contienda que no fue sino un reflejo más de todos los conflictos anteriores de nuestra historia...

Y Augusto era un exiliado interior. Pero un exiliado con la suficiente fortaleza como para sacar adelante, en compañía de esa maravillosa compañera que tuvo la dicha de disfrutar, a una "no familia", según las leyes de aquel entonces.

Y Augusto vivió para ver morir en su cama al dictador.

Y siguió saliendo cada mañana a marchar por el campo, ya con los 80 cumplidos y, con el pecho al aire, para seguir haciendo su particular y honorable camino hasta que, un día, en plenitud de sus facultades físicas y mentales se fue.

Y su marcha resultó un acto más de gallardía pues lo hizo como él quiso y, posiblemente, cuando él quiso.

Salud y memoria para todos los Augustos y Esperanzas a los que, un día, quisieron que olvidásemos aquellos que odian tanto, que ni siquiera pueden ofrecer un acto de misericordia a la memoria de los vencidos.

viernes, 23 de noviembre de 2007

¿Qué nos lleva a publicar...

Nuestras ideas, nuestros sentimientos, nuestras opiniones?

La renuncia al sentimiento de comunidad ha supuesto que nuestra capacidad de relación interpersonal se vea reducida de tal manera que nuestra propia conciencia de seres humanos se ve resentida.

Necesitamos, en este caso, necesito, exponer ante el mundo mis opiniones, mis sentimientos frente a esas experiencias que, ya sean vividas o imaginabas o un poco de ambas, me impelen a compartirlas con otros seres humanos.

Este medio tan impersonal y, a la vez, tan rico por la libertad que promete, se convierte, de esta manera en una suerte de válvula de escape de mi creatividad. De una creatividad que únicamente es capaz de expresarse a través de la palabra.

Únicamente espero que otros seres humanos lean, comprendan participen y aporten. La inteligencia es lo único que puede salvarnos de todos aquellos riesgos que nos acechan. Los riesgos inducidos por el desconocimiento, por el exceso de información que nos bombardea y que, en muchas ocasiones, impide que nuestro propio raciocinio cree opinión.