¿Qué es el cloud computing? La computación en la nube, que constituiría una traducción, más o menos literal, de este término, es un nuevo modelo de arquitectura de computación que, en principio, podríamos creer que únicamente se relaciona con el mundo de la tecnología.
Bajo nuestro punto de vista, no es, ni mucho menos, únicamente eso. Se trata de una visión, de un futuro plagado de esperanzas, de riesgos, de oportunidades, de cambios estructurales en los modelos sociales.
Hace unos años (no tantos como pudiéramos pensar), se produjo una auténtica revolución en el uso de los sistemas de computación: Se pasó de grandes sistemas centralizados, basados en grandes ordenadores, de los que dependía la totalidad de la capacidad de proceso, a sistemas basados en la arquitectura cliente-servidor, mediante la cual, parte de la capacidad de proceso se transfería a la máquina cliente dotándola de capacidad autónoma.
Hace unos años (no tantos como pudiéramos pensar), se produjo una auténtica revolución en el uso de los sistemas de computación: Se pasó de grandes sistemas centralizados, basados en grandes ordenadores, de los que dependía la totalidad de la capacidad de proceso, a sistemas basados en la arquitectura cliente-servidor, mediante la cual, parte de la capacidad de proceso se transfería a la máquina cliente dotándola de capacidad autónoma.
Sin duda, este proceso supuso una revolución. Pero una revolución que no ha estado exenta de problemas: El manejo de equipos por usuarios inexpertos, la progresiva complejización del software de funcionamiento básico del equipo informático, los riesgos de seguridad que se han ido manifestando a través de la universalización de esta arquitectura, la incapacidad, por parte de las organizaciones, de establecer los adecuados niveles de control sobre la información generada por éstas, los costos de mantenimiento y reemplazo de los equipos ante una revolución tecnológica claramente desbocada que exigen, en un círculo sin fin, que las organizaciones se adapten al software liberado por las grandes compañías mientras que este software se convierte en un devorador de recursos en las máquinas cliente que imponen la permanente actualización de las mismas con el fin de que se adapten a los requerimientos cada vez más exigentes.
Del mismo modo, la accesibilidad local a la información en conjunción con unas, cada vez, mejores redes de comunicación, está provocando, desde nuestro punto de vista, una progresiva degradación del sistema en su conjunto.
La distribución de contenidos de toda índole por la red y su archivo local han causado una profunda remodelación de los sistemas de distribución de contenidos culturales. Han eliminado o están a punto de eliminar toda una industria de intermediación de la distribución de contenidos en formato digital que, sin duda y hasta que el sistema se vuelva a estabilizar, generará graves disfuncionalidades en el ámbito laboral y económico.
De igual manera, los problemas de seguridad inherentes a las lacras de los sistemas basados en arquitecturas cliente-servidor puras, del mismo modo que han generado la aparición de una boyante industria relacionada con la seguridad de los dispositivos cliente, y de la seguridad perimetral de las organizaciones, han fracasado estrepitosamente a la hora de mantener un control exhaustivo sobre los sistemas de información vistos como una estructura integral de la que depende la supervivencia de una determinada organización.
Se ha permitido así la magnificación de los riesgos inherentes a los ataques con éxito a sistemas, ya sean éstos críticos o no, pero que, en todo caso, en una sociedad fuertemente tecnologizada como lo es la nuestra, suponen un enorme riesgo para la seguridad de la sociedad en su conjunto.
Sin entrar en detalles porque ello requeriría la elaboración de una tesis doctoral al completo, imaginemos que toda la fuerza aérea y de misiles de los EEUU, gestionada por una unidad de mando y control, resultase atacada con éxito, tomando el control efectivo de estos recursos militares.
Convengamos en que el ser humano ya no es necesario para la mayoría de las acciones militares basadas en alta tecnología pues no está sensorialmente capacitado para la realización de determinadas tareas.
Sir ir tan lejos, la paralización del sistema eléctrico de una ciudad, de su sistema de distribución de aguas o de los recursos sanitarios pueden provocar una hecatombe a nivel local.
Es un riesgo inherente a las sociedades fuertemente tecnologizadas: la ABSOLUTA dependencia de la tecnología para su funcionamiento y supervivencia.
Al igual que las sociedades occidentales hemos alcanzado una esperanza de vida que sobrepasa en más del doble a la de las sociedades menos avanzadas, este avance no es gratuito. Si fracasa nuestro sistema sanitario aún estaremos más desprotegidos ante determinadas enfermedades que los individuos de las sociedades menos avanzadas. Ni más ni menos, nuestro sistema inmunológico se ha debilitado frente a la agresión de determinadas enfermedades erradicadas desde hace tiempo en nuestros sistemas sociales.
Estos y otros problemas han sido la base de la revolución tecnológica, económica, laboral, social de los dos últimos decenios. Es ahora cuando se nos plantea un nuevo marco estratégico global que no solo afecta al ámbito puramente tecnológico sino que lo hace, ¡y mucho! a todos los ámbitos anteriormente mencionados.
Los cambios que esta nueva manera de interactuar con los sistemas de información van a provocar supondrán una auténtica revolución. Y como ocurre en todas las revoluciones, las víctimas se contarán por millones.
Tendemos a creer, sin embargo, que las víctimas a las que nos referimos son víctimas industriales o económicas. No únicamente. Las personas, las familias, las sociedades, las estructuras políticas, cualquier manifestación de las sociedades humanas se constituyen en posible y, en algunos casos, en plausibles víctimas de un nuevo modelo que, poco a poco, va impregnando nuestra estructura social.
¿A qué nos referimos con la anterior aseveración? Ni más ni menos a que el nuevo modelo de acceso y distribución de la información va a suponer un enorme cambio en los comportamientos de la población en general y en sus interacciones con el poder, con los agentes económicos y con otros ciudadanos.
No nos referimos a que se vaya a modificar sustancialmente el modelo de interacción con las tecnologías al que nos hemos acostumbrado en los último 30 años pero, sin duda, se abrirán una serie de interrogantes relacionados con la seguridad, la confidencialidad, la confiabilidad y la disponibilidad de las herramientas y de los datos que habrán de ser desarrollados como elementos irrenunciables de un sistema jurídico que ampare un conjunto de derechos fundamentales que pueden verse gravemente amenazados por el nuevo modelo.
Desde luego, habremos de tener muy en cuenta estos riesgos descritos a la hora de legislar de tal modo que se salvaguarden un conjunto de derechos fundamentales que son básicos para el mantenimiento del Estado de Derecho que configura la forma política de la democracia formal, tan deudora de los millones de personas que sacrificaron su existencia para el logro de estos mismos derechos a los que, de ningún modo hemos de renunciar, sean cuales fueren los miedos o amenazas que nos induzcan a ello.
No hemos de olvidar que nunca, en la historia de la humanidad, ha sido posible un control individual de las personas tan invasivo como el que ha permitido la revolución tecnológica y como el que la progresiva implantación del nuevo modelo de acceso a los sistemas de información va a permitir y ello dota de herramientas al poder, cualquier poder, que permiten ejercitar un control total sobre los individuos y los grupos sociales.
No obstante, no queremos olvidar que, del mismo modo que el control es posible, un modelo como el que estamos describiendo permite la aparición de nuevas formas de comunicación colaborativa a la que nos referiremos como red social virtual, liberada de ataduras tales como el espacio, el tiempo, las fronteras, las ideologías o la lengua, cuyo potencial de movilización sin precedentes, a escala global, está dando sus primeras señales de vida en el modelo descrito.
Además de todo lo antedicho, el nuevo modelo se convierte, merced a la priorización de las comunicaciones sobre la capacidad individual de cómputo y de la renuncia al archivo local de contenidos, en un modelo que restringirá gravemente la posibilidad de elegir sistemas software de comunicación que permitan asegurar la privacidad de las comunicaciones y de los datos depositados en la nube por parte de los ciudadanos lo cual vuelve a impactar de lleno sobre el problema de asegurar los derechos fundamentales básicos de los ciudadanos que, según nuestra opinión, deberán ser ampliados con el fin de incluir el elemento tecnológico en la salvaguarda de los mismos de forma explícita.
Un control agresivo por parte del poder político o económico que, por lo que sabemos, es aún más difícil de controlar que el poder político pues éste, al fin y al cabo se encuentra sujeto a las leyes con más rigor que el poder económico, según se está demostrando en la demoledora crisis económica y social que estamos sufriendo, supondrá una permanente amenaza a las libertades individuales que habremos de enfrentar de la mejor manera posible.
Estamos asistiendo a un cambio de modelo tecnológico que, sin duda, va a dirigir el futuro de la humanidad, en su globalidad, hacia donde los poderes, los ciudadanos, las redes sociales, los grupos de presión de toda índole diseñemos.
Actuemos, pues, para que la revolución de concepto a la que estamos asistiendo como usuarios pero, al menos hasta el momento, no como ciudadanos, no se transforme en pesadilla en un futuro cercano.