domingo, 4 de octubre de 2009

Camino de libertad y supervivencia

He comenzado a leer una interesante novela histórica cuya título es Q. Su autor: Luther Blissett.


Se trata de una novela histórica algo más cuidada de lo habitual, que ha caído en mis manos de manera circunstancial y que ha despertado en mí ciertos anhelos de conocimiento de una época histórica que suele despacharse en los libros de historia del bachillerato con un par de referencias a ciertos hechos históricos que, según voy investigando, suponen una de esas grandes revoluciones que solamente se han producido dentro de lo que conocemos como civilización occidental.


Hechos de los que somos deudores y que han configurado completamente el destino de las naciones, de las personas que, incluso ahora, somos partícipes de esa cultura.


Las primeras impresiones que he ido obteniendo del libro han provocado, como os comento, mi curiosidad por ese momento histórico que, desde mi modesta opinión, ha marcado de manera indeleble muchos de los acontecimientos posteriores, muchos de los paradigmas existenciales de nuestras actuales sociedades.


Pero, además de compartir esta inquietud intelectual con vosotros, lo que me gustaría expresar es que, lejos de resultar la conclusión más importante que he obtenido de esta obra, lo que, realmente, ha despertado en mi conciencia, ha sido la impresión de que nos acecha un peligro muy importante como especie.


Me explico: A lo largo de la obra, de manera puntual, se pone de manifiesto que los anhelos de libertad, de crear una nueva estructura social, disponen de una válvula de escape, de una esperanza basada en la existencia de un nuevo continente, de un espacio geográfico virgen de estructuras de control que permiten mantener un sueño de libertad, como ya he manifestado. Todo ello, encubierto bajo un manto de religiosidad como movimiento liberador del espíritu, no, desde luego desde un punto de vista basado en la ideología, cuestión que no se manifestará hasta varios siglos más tarde.


Mi reflexión comienza en este punto: ¿Qué le ocurre al espíritu humano cuando pierde la posibilidad de soñar? Hace varios decenios, los seres humanos nos dimos cuenta que nuestro planeta no tenía nada nuevo que ofrecernos. Instintivamente, volvimos la vista hacia el cielo. Disponíamos de tecnología, de conocimientos, por primera vez en la historia, que nos podrían permitir escapar de nuestro planeta. Sin embargo, fracasamos en este primer intento.


Nos pudieron los deseos de bienestar, el sentimiento conservador de no perder nada de lo que teníamos.


De nada material porque, a cambio, perdimos el espíritu. Sea eso lo que sea. Y, en este momento histórico, solo detecto que los seres humanos nos dedicamos, en cuerpo y alma a mantener es status quo. Hemos perdido hasta la iniciativa de disponer de ese espíritu viral que nos obligaba a ir abracando nuevos espacios para infectarlos, para esquilmarlos, para destruirlos...


¿Es posible que la especie sobreviva a medio y largo plazos sin mirar de nuevo hacia el cielo?


Sinceramente, no lo creo. Y mi contribución no es sino escribir estas líneas... ¡Dios!