No es una obra sencilla, hay que reconocerlo. Quizás no tanto por la profundidad de los argumentos que expone pues, en gran medida, de todos son conocidos de una u otra forma sino por la visión de futuro que, balbuceante y llena de clarooscuros, permite intuir, sobre todo, en la última parte del libro.
Me apasiona la conceptualización que hace del incipiente poder que manifiestan las redes sociales, ya sean completamente virtuales o que hacen uso de la tecnología de comunicación para mantener los nexos entre las personas.
Se abren insospechadas posibilidades en ciencia política relacionadas con este concepto. La pérdida de identidad de las poblaciones merced al acceso en tiempo real entre personas de diferentes culturas, lenguas, formación, clase social, religión, en base a algún tipo de interés común hace perder virtualidad a la concepción clásica del Estado como fuente de unión entre personas.
Sería discutible, incluso que el concepto de contrato social, según el modelo expuesto por Rosseau pueda mantenerse sin reelaborarlo en un nuevo sistema político que no esté basado en conceptos tales como la territorialidad y el lenguaje o la cultura comunes.
No voy a entrar en detalle porque deseo que los posibles de este blog y, por ende, de este libro, participen de una discusión que, sin duda, no será sino una muestra más de los conceptos que he anticipado en esta entrada y, por lo tanto, enriquecedor de los mismos.
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