Demasiados son los hechos que se acumulan en la reciente historia que, afortunados o no, nos ha tocado vivir o sufrir.
La pregunta es: ¿Seremos capaces de aprender de nuestros errores y reconocer lo poco que representamos y, al tiempo, lo mucho que somos?
Lo poco que representamos a escala geológica o astronómica. No somos sino un planeta que gira alrededor de una estrella de segunda categoría situada en una zona distal del centro de una galaxia que no es sino una más de entre cientos de miles de millones de otras...
No somos sino una mota en la historia geológica del planeta. Una supuesta civilización que puede ser barrida tras cualquier suceso de escala astronómica que nos pudiese afectar.
Todo ello debiera hacernos humildes. Debiera hacernos pensar en que nuestra huella genética no puede pervivir salvo que consigamos extendernos por el universo de una u otra forma.
Por otra parte, somos seres autoconscientes. Ello nos permite interactuar con el resto del universo aunque sea a una escala local tan miserablemente reducida que nos habría de hacer reflexionar sobre nuestra propia pequeñez.
Y en esta tesitura nos movemos en una situación que se presenta como de profundo cambio. Lo que caracteriza a estas situaciones, a lo largo de la corta historia de la humanidad es su tendencia a provocar muerte, sufrimiento extremo, penuria y hambre, violencia sin límite...
¿Servirá de algo? No lo sé. Intentaré reflexionar sobre ello a lo largo de los siguientes artículos.
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